Hoy te escribo a ti soledad

Hoy te escribo a ti; a la paz interior, a la relajación, a saber encontrarse a uno mismo, a lo que todo el mundo teme, pero que cuando lo encuentra de verdad le acompaña durante toda su vida. Sentirse bien con uno mismo arropa más que mil abrazos momentáneos.

Has tardado tiempo en aparecer en mi vida, pero has llegado cuando menos me lo esperaba. Acostumbrado a necesitar el calor de los demás, te di de lado sin apenas conocerte, y es que los prejuicios son odiosos, pero tengo que reconocerlo, te juzgué por lo que los demás decían de ti, no por lo que yo sentía, porque aún no te había conocido, pero ya me he dado cuenta, que las personas no saben realmente lo que es este tipo de soledad.

Perdóname por esta bipolaridad tan propia en mi, pero es que desde que has llegado a mi vida me siento más feliz que nunca. ¿Cómo puede suceder esto?

Me siento en la terraza de un bar y me pido una sidra con piña y pera (es mi favorita), respiro hondo, me relajo y ahí estás, observándome sin decir nada. Si, estoy solo sentado en una terraza, miro a mi alrededor y veo grupos de dos, cuatro, incluso seis personas, algunos ríen, otros miran la carta para ver qué pedir, y yo te miro solo a ti. En ningún momento me siento observado por los demás, estoy relajado, tranquilo, ¡feliz!, estoy disfrutando de mi y de ti soledad, de esta sensación tan pura y sana de valorar mi propia esencia reflejada en un rato agradable que no necesita la presencia de nadie más.

Apuro el último sorbo y vuelvo a mirar a mi alrededor, no siento pena ni tristeza, siento impotencia por no haberte conocido antes. Estoy acostumbrado a hablar sin parar, a reír a carcajadas y hacer que los demás se diviertan conmigo, pero hoy no he tenido que articular palabra para divertirme, ni he tenido que compartir este momento con nadie, porque a veces no nos damos cuenta de que el último sorbo de nuestra vida lo apuramos centrados en hacer el bien por los demás, en compartir todo con las personas que más queremos, pero nos olvidamos de nosotros mismos. Encontrarse con uno mismo en cada momento es la mejor fórmula para poder seguir compartiendo momentos con las personas que tenemos a nuestro alrededor, solo así seremos capaces de aportar lo que los demás se merecen, y mimarnos a nosotros mismos como también nos merecemos.

Lo más importante es encontrar el punto de inflexión en tu interior, el que marca el camino a seguir, a valorarte, a mimarte, y a darte caprichos, porque de vez en cuando también nos los merecemos. No somos máquinas construidas para seguir un plan común, pero si necesitamos aportarnos la energía autosuficiente para poder avanzar por el camino que queramos, por nuestros propios pies, sin depender de nadie.

Hoy te escribo a ti soledad

“Encuentra tu soledad y podrás descubrir compañías que merezcan la pena”.

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