El orgullo que todos deberíamos llevar dentro

Sólo con el paso del tiempo, cuando tuve capacidad de poder mirar atrás y contemplar todo lo que había hecho convertirme en lo que soy hoy, es cuando pude entender lo que significaba para mi el orgullo.

Al principio, tuve que vivir todo tipo de situaciones. Aprendí a crecer entendiendo como “normales” aquellos comportamientos que en la infancia, lejos de asustarme, me hicieron tener cada vez una personalidad más definida. Lo normal no era tener amigos y amigas, para mi lo común era solo tener amigas, porque ellas eran las únicas capaces de juzgarme solo como persona, no porque me gustara bailar o jugar al baloncesto, en vez de al fútbol. Porque sinceramente, con esa edad yo no sabía que el insulto “maricón” llevaba la connotación de que te tuvieran que gustar los hombres, pensaba que se trataba simplemente por hacer cosas con las chicas, pero claro, ellos, tampoco me dieron la oportunidad de tener un acercamiento para divertirme ni compartir momentos con los chicos.

De pequeño bailaba flamenco. Solo recuerdo que a pesar de los insultos por ello, era mi liberación. Me hacía sentir libre, feliz, lo llevaba en mis venas, y ahí fue cuando empecé a conocer la palabra orgullo. Mis padres me contemplaban emocionados, viendo que hacía lo que más me gustaba, estaban orgullosos de su hijo, y hoy tengo que darle las gracias por haber seguido inculcandome ese arte y pasión a pesar de todo. Siempre me apoyaron a seguir con lo que me gustaba hacer, nunca tiraron la toalla por culpa de “el que dirán”, y hoy os tengo que dar las gracias por haber antepuesto mis preferencias, ante las de los demás, gracias.

Puede que en mi personalidad de hoy en día, haya influido algo de ese pasado, pero si tengo que quedarme con una sola palabra que defina como me siento ahora mismo, esa palabra no podría ser otra que “orgulloso”. Orgulloso de ver en quien me he convertido, de ser una persona luchadora, con principios y valores como cualquier otro hombre o mujer, sin miedos, sin prejuicios, con tolerancia. En definitiva, con todo aquello que me define como persona. Nunca he sentido miedo, ni antes, ni ahora, y quizás sea algo de lo más positivo que saco de mi infancia, el haber aprendido a no tener miedo a nada. Ser yo mismo me ha dado muchas oportunidades gracias a coincidir con personas que no te juzgan por tu condición sexual, sino por ser como eres, tu en tu esencia con tus más y tus menos, pero persona con todas sus letras. Si estás leyendo esto y sientes miedo por ser como eres, solo puedo invitarte a seguir siendo tú, pero sin esconderte. Rodéate de los tuyos, de esos que nunca te van a juzgar por nada, de los que te quieren sin distinción alguna, y nunca dejes de sentirte orgulloso de ser quien eres por el resto de tu vida.

Si volviera a nacer, no cambiaría nada de mi vida.

!Feliz Orgullo¡

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