Calma

He vuelto a soñar con los ojos abiertos y te he visto con esa sonrisa tan característica, la misma que me susurró sin llegar a decir nada que arriesgara a un todo o nada, y hoy me ha dicho que sigamos haciendo uso de nuestra palabra;  “calma”.

Con el miedo que alguna vez te atrapa en algunos de esos sueños he logrado revivir a las pesadillas, esas que ahora revolotean por tu cabeza como buitrez acechando a sus presas, las que te hacen dudar, las que te están atrapando por el temor de arriesgarte al destino con previo juicio de valor de lo que en su día sufriste, y que hoy llega en forma de calma para decirte que aunque no tengas esa sana costumbre, es la más bonita que incluso fuera de los sueños se puede vivir.

En mis visiones sonambulistas en ningún momento vi la perfección, pero si el aprendizaje continuo, que es el camino más correcto para crecer hacia lo perfecto.

Llegué a tocar con la punta de mis dedos tu mejilla y me dio una corriente de realidad que me hizo distanciarme, para evitar perder la conexión inicial que nos unía desde el principio. Aunque me pesa tener que soñar menos a menudo con los ojos abiertos, (que me permiten sentirte al lado mío), quiero que esos buitres atrapen mi radicalismo para permitirme continuar con tu verdad y con la mía, al ritmo que el destino marque en el sentido que queramos dar a esto.

Ahora ya no sueño con los ojos abiertos, ahora sueño despierto y te susurro al oído que no tengas miedo, que las pesadillas solo existen mientras duermes con recuerdos del pasado, que los mejores sueños son los que se recuerdan, aquellos que no entienden de presiones ni etiquetas. Te resistes a volver a fracasar y te mueves tembloroso en la cama, pero intentando hacer el mínimo ruido para no despertarte consigo besarte, al tiempo que despiertas y recuerdas todo el sueño y me dices: “Que todo siga en calma”.